Escena III
JARDINES
(Alma y Erika se encuentran en la barda de la última vez. Ambas
lucen preocupadas).
ALMA.- ¿Qué le irá a hacer?
ERIKA.- No lo sé.
ALMA.- Ojala no le haga nada.
ERIKA.- Pues si le hace algo se lo tienen bien merecido. Debió de
haber hecho la tarea
ALMA.- Tú también has faltado con tares.
ERIKA.- Sí, pero nunca se me ocurriría no llevarle una tarea a un
profesor como Eduardo. Mira que si hubiera sido con el de Mate o
Canella, pasa.
ALMA.- Bueno, pero de todas formas no hubiera sacado más de uno.
ERIKA.- Nosotras sacamos cinco. Además, no solo fue la tarea. Dime,
¿a quién se le ocurre dormirse a mitad de clase? ¡Hasta se puso a
roncar!
ALMA.- Bueno, acepto que eso no fue muy prudente, pero… (Se queda
callada un momento, y luego señala hacia un extremo). Mira, ahí
viene.
(Gerardo entra por donde señala Alma. Tiene grandes ojeras y no para
de bostezar. Se acerca a las chicas).
ALMA.- ¿Qué pasó?
GERARDO.- Solo me regañó.
ERIKA.- ¿Qué te dijo exactamente?
GERARDO.- Me dijo que tenía que preocuparme más por mis deberes
sino quería terminar como un don nadie. Me dijo que no entendía
como era posible que no hubiera hecho nada si era evidente que había
estado toda la noche en vela. Luego me dijo que si tenía algún
problema podía confiar en él, y… (Gerardo se queda viendo
atentamente su mano derecha).
ERIKA.- ¿Y qué, qué más te dijo?
GERARDO.- (Con la vista todavía en su mano) Pues me dijo que ya me
podía retirar, porque llegó Sara.
ALMA.- ¿Y por qué miras así tu mano?
GERARDO.- (Moviendo la cabeza como si intentara despejarse) No, por
nada. (Bosteza) Creo que el sueño me provoca alucinaciones.
ALMA.- ¿Y por qué tienes tanto sueño?
ERIKA.- Sí, ¿eh? Si ayer te fuiste a dormir temprano.
GERARDO.- No me fui a dormir.
ALMA.- ¿Entonces?
GERARDO.- Estuve revisando el acervo nuevo.
ERIKA.- (Gritando) ¿QUE HICISTE QUÉ?
GERARDO.- (Reprendiéndola) Baja la voz, ¿quieres? No tengo ganas de
que la escuela entera lo sepa.
ERIKA.- Te había dicho que lo olvidaras.
GERARDO.- (Mirándola fijamente) Sí, lo sé. Y de haber sabido que
no iba a encontrar nada te hubiera hecho caso.
ERIKA.- ¿Sabes cuál es tu problema?
GERARDO.- (En tono retador) ¿Cuál?
ERIKA.- (Realmente enojada) ¡Qué nunca escuchas a nadie! ¡Todo lo
que te entra por un oído te sale por el otro!
GERARDO.- (También enojado) Pues siento no haberla escuchado su
majestad, pero la voz de mi corazón me parece más importante.
ERIKA.- ¿Ah, sí? Pues si te dieras cuenta de hacia donde te lleva
tu corazón, tal vez lo pensarías un poco.
GERARDO.- ¿A qué te refieres?
ERIKA.- (Recuperando un poco la calma) A que tu corazón solo te hace
sufrir. Probablemente sea masoquista.
GERARDO.- (Un poco confundido) ¿Masoquista?
ERIKA.- Sí. Ayer te pudiste haber metido en un buen problema.
GERARDO.- Pero no lo hice, eso es lo importante.
ERIKA.- Yo no estaría tan segura. La tarea de Biología ya es un
problema, y parece que tu corazón es el que te lleva a realizar
tantos hechizos sin control, los cuales en la mayor parte de los caso
no tienes ni idea de cómo revertirlos. Y eso sin contar tus
problemas amorosos. Solo a un idiota se le ocurriría fijarse en…
ALMA.- (Interrumpiendo) ¡Ya basta!
GERARDO.- (Realmente herido. Una lágrima se asoma por uno de sus
ojos). ¡Tienes razón! Soy un idiota, por eso y por muchísimas
cosas más. Lo mejor será que me vaya de aquí.
ERIKA.- (Molesta por ser malinterpretada) Yo no quise decir eso.
GERARDO.- (A punto de llorar) Lo sé, pero hasta que no te demuestre
que puedo hacer lo correcto escuchando a mi corazón… (Toma sus
cosas). Adiós. (Se va).
ALMA.- (Un poco agresiva) ¿Era eso lo que querías?
ERIKA.- No. (Se queda callada un momento). Ya haremos las paces más
al rato.
No hay comentarios:
Publicar un comentario