17 de febrero de 2012

El tótem, el centro de poder Act 3 - I

Hola a todos. Les pido una atenta disculpa por haberme retrasado en la publicación de esta historia, pero con mis otras obligaciones no estoy seguro de en que día vivo. Pero bueno, vamos a la segunda publicación de este mes, donde se hace un descubrimiento importante. Espero lo disfruten ;D Y ya saben, para estar al corriente síganme en twitter (https://twitter.com/#!/GerardoSeamisai) o en facebook (https://www.facebook.com/#!/CMSeamisai).



ACTO III
Escena I
CUBÍCULO DE CELADA
(La decoración es muy simple, limitándose a un archivero en el rincón izquierdo y a un escritorio con un mantel hasta el suelo en el rincón derecho. Gerardo entra seguido de Erika, la cual parece nerviosa. Es sábado por la noche.)
ERIKA.- (Preocupada) ¡No deberíamos estar aquí!
GERARDO.- Tranquilízate Eri. Solamente quiero saber cuanto nos puso esa bruja en el trabajo.
ERIKA.- ¡Gerardo! No la llames así.
GERARDO.- Pues sabe usar magia, así que es bruja.
ERIKA.- Sí, pero no lo decías con ese sentido.
GERARDO.- (Mientras revisa los papeles que hay sobre el escritorio) ¡Cómo sea! Échame aguas por si viene alguien.
ERIKA.- De haber sabido que ibas a hacer algo así me hubiera ido a casa como Alma.
GERARDO.- (Con una ligera sonrisa) Entonces es una suerte que no les haya dicho nada, porque de lo contrario no me estarías ayudando.
ERIKA.- (Plantándose al centro de la habitación) ¡No es gracioso Gerardo! ¿Sabes lo que nos pueden hacer si nos descubren?
GERARDO.- Sí, lo sé. Por eso mismo te traje.
CELADA.- (Desde afuera) ¡Hasta luego profesor!
ERIKA.- (Volteando hacia la puerta) ¡Es Celada! ¿Ahora qué hacemos?
GERARDO.- ¡Por eso te dije que vigilaras! (Levanta el mantel). ¡Vamos! ¡Abajo!
(Erika lo obedece y ambos se esconden debajo del escritorio. Momentos después entra Celada.)
CELADA.- (Con un tono de voz mucho más jovial que el que suele usar, aunque también más áspero y grave) ¡Por fin libre! Creí que jamás me lo quitaría de encima. Pero en fin. (Se acerca a la pared izquierda). Es hora de dar aviso. Chiamo Obscuritas.
(Un espejo se materializa en la pared de la izquierda. No obstante, no refleja la habitación; solamente muestra sombras negras.)
NIBELUNGO.- (Desde el espejo) ¿Qué ha pasado?
CELADA.- ¡Está casi listo, señor!
NIBELUNGO.- ¿En serio?
CELADA.- Sí, si usted lo desea puedo destruir la fuerza mágica de la EMP el próximo fin de semana.
NIBELUNGO.- Eso sería perfecto. Así saldríamos finalmente de este asqueroso espejo.
CELADA.- No se preocupe señor. El próximo viernes será libre de nuevo, y el mundo quedará bajo sus pies.
NIBELUNGO.- Eso sería fantástico. Sigue actuando como hasta ahora, y así nadie sospechará.
(El espejo se desvanece).
CELADA.- ¡Pobre maestra Celada! No tenía ni idea de lo que le esperaba cuando compró ese espejo. Lo bueno es que a partir del viernes ya no tendré que fingir más, podré volver a ser Enriza, fiel luchadora de las fuerzas del mal.
(Celada se retira de su cubículo).
GERARDO.- (Con acento español) ¿Has escuchado eso?
ERIKA.- (Saliendo de abajo del escritorio) Sí, y ¿por qué hablas así?
GERARDO.- (Saliendo también de debajo de escritorio y recuperando su acento normal) No lo sé.
ERIKA.- (Preocupadísima) ¡Esto es gravísimo! Tenemos que dar aviso a las autoridades.
GERARDO.- ¿Para qué?
ERIKA.- ¿Cómo que para qué? ¿Oíste lo que dijo Celada?
GERARDO.- Sí, lo escuché perfectamente. Pero, ¿crees que alguien nos crea que es un nibelungo? Recuerda que Celada lleva años en la escuela, y no es precisamente un secreto que la odiamos. El director pensará que nos lo hemos inventado para que la echen.
ERIKA.- Creo que el término “la odiamos” es un poco fuerte. Y si no se lo decimos a nadie, ¿qué hacemos?
GERARDO.- (Se queda pensativo antes de responder) La detendremos nosotros.
ERIKA.- (Sorprendida) ¿Nosotros? ¿Estás loco?
GERARDO.- Tal vez, pero no se me ocurre una mejor idea.
ERIKA.- Pero nosotros no tenemos el poder necesario para vencer a un nibelungo. Estamos hablando de una amenaza de proporciones cósmicas. ¡Con trabajo pasamos los exámenes y tú quieres vencer a un nibelungo!
GERARDO.- Sé que tenemos el poder para vencerla.
ERIKA.- (Tratando de hacer entrar en razón al chico) Gerardo…
GERARDO.- Alma, tú y yo tenemos el poder para vencerla, estoy seguro.
ERIKA.- ¿Estás diciendo que nosotros poseemos esos “sentidos opuestos”?
GERARDO.- Todo en esta vida sucede por alguna razón. No fue una casualidad que encontráramos la profecía poco antes del ataque; lo hicimos porque somos nosotros quienes debemos detenerla.
ERIKA.- Supongamos que tienes razón. ¿Cómo la venceremos?
GERARDO.- Pues tenemos solamente una semana para averiguarlo.

4 de febrero de 2012

El tótem, el centro de poder Act 2 - V

Lamento el retraso en la publicación de esta entrada, pero con el regreso a clases solo tenía cabeza para la escuela. Pero bueno, aquí está la parte que les debía. Espero les guste. Es la última parte de lo que considero el acto dos, ya que como se darán cuenta al final de esta escena parece que las cosas se resuelven, al menos de momento.


Escena V
AFUERA DEL LABORATORIO DE BIOLOGÍA
(Es lunes. En la puerta del laboratorio hay una hoja en la que se anuncia que el profesor Eduardo no dará clases ese día. Erika, Alma y Gerardo se encuentran solos, hablando en voz baja).
ALMA.- ¿Y cómo estás tan seguro de que no es él?
GERARDO.- Pues…
ERIKA.- ¡Ya dinos!
ALMA.- Sí, cuéntanos lo que pasó.
GERARDO.- Pues fui al gato, como habíamos quedado. Ya llegué y me puse a buscar a Edward. Me tardé bastante. Finalmente lo encontré sentado con unos amigos. Lo saludé y me invitó a sentarme. Lo hice, y sus amigos hicieron caras muy raras. Uno a uno fueron desapareciendo. Empezamos a platicar, y yo le hice beber varias copas…
ALMA.- Y le dijiste que te llevara a su casa.
GERARDO.- No encontraba la manera de pedírselo, pero no fue necesario.
ERIKA.- ¿Cómo que no fue necesario?
GERARDO.- Él me invitó.
ALMA.- ¿Y se supone que no encontraste nada en su casa?
GERARDO.- No llegamos a su casa.
ALMA.- ¿Cómo que no llegaron a su casa?
GERARDO.- Bueno, digamos que hice algo en el carro, y él se dio cuenta de que yo no quería realmente ir a su casa.
ERIKA.- Pero entonces ¿cómo estás tan seguro de que no es él?
GERARDO.- Él me lo dijo.
ERIKA.- (Un poco alterada) ¿Cómo que él te lo dijo?
GERARDO.- Lo que pasó fue que me preguntó el porqué hacía aquello si era obvio que no quería, y yo acabé contándole todo.
ALMA.- (Sorprendida) ¿Y qué pasó entonces?
GERARDO.- Me preguntó si de verdad creía yo que él era un nibelungo.
ERIKA.- ¿Y tú le respondiste…?
GERARDO.- Lo dudé un poco, pero después comprendí que él no podía serlo, y así se lo dije. Me dijo que si algún día encontrábamos al nibelungo, él haría lo posible para ayudarnos a vencerlo.
ALMA.- Entonces estamos donde empezamos.
ERIKA.- Peor, diría yo. Después de esto no sabemos si es Eduardo o no.
GERARDO.- Ya te dije que no lo es.
ERIKA.- ¿Y cómo estás tan seguro si no pudiste averiguarlo?
GERARDO.- Sus ojos me lo dijeron, y recuerda que la mirada nunca miente. (Bromeando) Y si eso se te hace poco, también tienes que recordar que los niños y los borrachos siempre dicen la verdad, y él iba bastante tomado.
ERIKA.- ¡Qué gracioso!
GERARDO.- Además está el hecho de que la profecía contradice la teoría de que sea Edward.
ERIKA.- ¿Pero cómo que la contradice? Si tú mismo dijiste…
GERARDO.- (Interrumpiéndola, aunque con voz tranquila) En realidad me equivoqué. La profecía dice que los nibelungos llegarían de forma inesperada, y la llegada de Edward la esperaba la profesora Esperanza.
ERIKA Y ALMA.- (Pensativas) Mmm…
ALMA.- ¿Y qué se supone que hagamos?
ERIKA.- Supongo que regresar a nuestra vida normal.
ALMA.- ¿Y los nibelungos?
ERIKA.- Bueno, hasta que no se revelen no podemos hacer nada. Además, podrían faltar años para que se cumpla la profecía.
GERARDO.- Y para ese entonces ya no estaremos aquí.
ALMA.- A menos que seamos maestros.
ERIKA.- Bueno, creo que entonces deberíamos hacer la tarea de Ética.
GERARDO.- ¿Para qué? Si nunca la revisa. Me preguntó a quien se le habrá ocurrido inventar “Ética Mágica”.
ALMA.- A alguien que no tenía nada mejor que hacer.
ERIKA.- Bueno, ¿y qué se supone que hagamos?
ALMA.- Pues lo de siempre: nada.
(Momento de silencio).
GERARDO.- ¿Y si nos ponemos a inventar materias?
ALMA Y ERIKA.- ¡Gerardo!
GERARDO.- Okey, era solo una idea.
(Momento de silencio).
GERARDO.- ¿Me imaginan a mí de profesor?
(Alma y Erika se carcajean)
GERARDO.- ¿Qué? ¿Qué dije?