ACTO III
Escena I
CUBÍCULO DE CELADA
(La decoración es muy simple, limitándose a un archivero en el
rincón izquierdo y a un escritorio con un mantel hasta el suelo en
el rincón derecho. Gerardo entra seguido de Erika, la cual parece
nerviosa. Es sábado por la noche.)
ERIKA.- (Preocupada) ¡No deberíamos estar aquí!
GERARDO.- Tranquilízate Eri. Solamente quiero saber cuanto nos puso
esa bruja en el trabajo.
ERIKA.- ¡Gerardo! No la llames así.
GERARDO.- Pues sabe usar magia, así que es bruja.
ERIKA.- Sí, pero no lo decías con ese sentido.
GERARDO.- (Mientras revisa los papeles que hay sobre el escritorio)
¡Cómo sea! Échame aguas por si viene alguien.
ERIKA.- De haber sabido que ibas a hacer algo así me hubiera ido a
casa como Alma.
GERARDO.- (Con una ligera sonrisa) Entonces es una suerte que no les
haya dicho nada, porque de lo contrario no me estarías ayudando.
ERIKA.- (Plantándose al centro de la habitación) ¡No es gracioso
Gerardo! ¿Sabes lo que nos pueden hacer si nos descubren?
GERARDO.- Sí, lo sé. Por eso mismo te traje.
CELADA.- (Desde afuera) ¡Hasta luego profesor!
ERIKA.- (Volteando hacia la puerta) ¡Es Celada! ¿Ahora qué
hacemos?
GERARDO.- ¡Por eso te dije que vigilaras! (Levanta el mantel).
¡Vamos! ¡Abajo!
(Erika lo obedece y ambos se esconden debajo del escritorio. Momentos
después entra Celada.)
CELADA.- (Con un tono de voz mucho más jovial que el que suele usar,
aunque también más áspero y grave) ¡Por fin libre! Creí que
jamás me lo quitaría de encima. Pero en fin. (Se acerca a la pared
izquierda). Es hora de dar aviso. Chiamo Obscuritas.
(Un espejo se materializa en la pared de la izquierda. No obstante,
no refleja la habitación; solamente muestra sombras negras.)
NIBELUNGO.- (Desde el espejo) ¿Qué ha pasado?
CELADA.- ¡Está casi listo, señor!
NIBELUNGO.- ¿En serio?
CELADA.- Sí, si usted lo desea puedo destruir la fuerza mágica de
la EMP el próximo fin de semana.
NIBELUNGO.- Eso sería perfecto. Así saldríamos finalmente de este
asqueroso espejo.
CELADA.- No se preocupe señor. El próximo viernes será libre de
nuevo, y el mundo quedará bajo sus pies.
NIBELUNGO.- Eso sería fantástico. Sigue actuando como hasta ahora,
y así nadie sospechará.
(El espejo se desvanece).
CELADA.- ¡Pobre maestra Celada! No tenía ni idea de lo que le
esperaba cuando compró ese espejo. Lo bueno es que a partir del
viernes ya no tendré que fingir más, podré volver a ser Enriza,
fiel luchadora de las fuerzas del mal.
(Celada se retira de su cubículo).
GERARDO.- (Con acento español) ¿Has escuchado eso?
ERIKA.- (Saliendo de abajo del escritorio) Sí, y ¿por qué hablas
así?
GERARDO.- (Saliendo también de debajo de escritorio y recuperando su
acento normal) No lo sé.
ERIKA.- (Preocupadísima) ¡Esto es gravísimo! Tenemos que dar aviso
a las autoridades.
GERARDO.- ¿Para qué?
ERIKA.- ¿Cómo que para qué? ¿Oíste lo que dijo Celada?
GERARDO.- Sí, lo escuché perfectamente. Pero, ¿crees que alguien
nos crea que es un nibelungo? Recuerda que Celada lleva años en la
escuela, y no es precisamente un secreto que la odiamos. El director
pensará que nos lo hemos inventado para que la echen.
ERIKA.- Creo que el término “la odiamos” es un poco fuerte. Y si
no se lo decimos a nadie, ¿qué hacemos?
GERARDO.- (Se queda pensativo antes de responder) La detendremos
nosotros.
ERIKA.- (Sorprendida) ¿Nosotros? ¿Estás loco?
GERARDO.- Tal vez, pero no se me ocurre una mejor idea.
ERIKA.- Pero nosotros no tenemos el poder necesario para vencer a un
nibelungo. Estamos hablando de una amenaza de proporciones cósmicas.
¡Con trabajo pasamos los exámenes y tú quieres vencer a un
nibelungo!
GERARDO.- Sé que tenemos el poder para vencerla.
ERIKA.- (Tratando de hacer entrar en razón al chico) Gerardo…
GERARDO.- Alma, tú y yo tenemos el poder para vencerla, estoy
seguro.
ERIKA.- ¿Estás diciendo que nosotros poseemos esos “sentidos
opuestos”?
GERARDO.- Todo en esta vida sucede por alguna razón. No fue una
casualidad que encontráramos la profecía poco antes del ataque; lo
hicimos porque somos nosotros quienes debemos detenerla.
ERIKA.- Supongamos que tienes razón. ¿Cómo la venceremos?
GERARDO.- Pues tenemos solamente una semana para averiguarlo.