Escena V
AFUERA DEL LABORATORIO DE BIOLOGÍA
(Es lunes. En la puerta del laboratorio hay una hoja en la que se
anuncia que el profesor Eduardo no dará clases ese día. Erika, Alma
y Gerardo se encuentran solos, hablando en voz baja).
ALMA.- ¿Y cómo estás tan seguro de que no es él?
GERARDO.- Pues…
ERIKA.- ¡Ya dinos!
ALMA.- Sí, cuéntanos lo que pasó.
GERARDO.- Pues fui al gato, como habíamos quedado. Ya llegué y me
puse a buscar a Edward. Me tardé bastante. Finalmente lo encontré
sentado con unos amigos. Lo saludé y me invitó a sentarme. Lo hice,
y sus amigos hicieron caras muy raras. Uno a uno fueron
desapareciendo. Empezamos a platicar, y yo le hice beber varias
copas…
ALMA.- Y le dijiste que te llevara a su casa.
GERARDO.- No encontraba la manera de pedírselo, pero no fue
necesario.
ERIKA.- ¿Cómo que no fue necesario?
GERARDO.- Él me invitó.
ALMA.- ¿Y se supone que no encontraste nada en su casa?
GERARDO.- No llegamos a su casa.
ALMA.- ¿Cómo que no llegaron a su casa?
GERARDO.- Bueno, digamos que hice algo en el carro, y él se dio
cuenta de que yo no quería realmente ir a su casa.
ERIKA.- Pero entonces ¿cómo estás tan seguro de que no es él?
GERARDO.- Él me lo dijo.
ERIKA.- (Un poco alterada) ¿Cómo que él te lo dijo?
GERARDO.- Lo que pasó fue que me preguntó el porqué hacía aquello
si era obvio que no quería, y yo acabé contándole todo.
ALMA.- (Sorprendida) ¿Y qué pasó entonces?
GERARDO.- Me preguntó si de verdad creía yo que él era un
nibelungo.
ERIKA.- ¿Y tú le respondiste…?
GERARDO.- Lo dudé un poco, pero después comprendí que él no podía
serlo, y así se lo dije. Me dijo que si algún día encontrábamos
al nibelungo, él haría lo posible para ayudarnos a vencerlo.
ALMA.- Entonces estamos donde empezamos.
ERIKA.- Peor, diría yo. Después de esto no sabemos si es Eduardo o
no.
GERARDO.- Ya te dije que no lo es.
ERIKA.- ¿Y cómo estás tan seguro si no pudiste averiguarlo?
GERARDO.- Sus ojos me lo dijeron, y recuerda que la mirada nunca
miente. (Bromeando) Y si eso se te hace poco, también tienes que
recordar que los niños y los borrachos siempre dicen la verdad, y él
iba bastante tomado.
ERIKA.- ¡Qué gracioso!
GERARDO.- Además está el hecho de que la profecía contradice la
teoría de que sea Edward.
ERIKA.- ¿Pero cómo que la contradice? Si tú mismo dijiste…
GERARDO.- (Interrumpiéndola, aunque con voz tranquila) En realidad
me equivoqué. La profecía dice que los nibelungos llegarían de
forma inesperada, y la llegada de Edward la esperaba la profesora
Esperanza.
ERIKA Y ALMA.- (Pensativas) Mmm…
ALMA.- ¿Y qué se supone que hagamos?
ERIKA.- Supongo que regresar a nuestra vida normal.
ALMA.- ¿Y los nibelungos?
ERIKA.- Bueno, hasta que no se revelen no podemos hacer nada. Además,
podrían faltar años para que se cumpla la profecía.
GERARDO.- Y para ese entonces ya no estaremos aquí.
ALMA.- A menos que seamos maestros.
ERIKA.- Bueno, creo que entonces deberíamos hacer la tarea de Ética.
GERARDO.- ¿Para qué? Si nunca la revisa. Me preguntó a quien se le
habrá ocurrido inventar “Ética Mágica”.
ALMA.- A alguien que no tenía nada mejor que hacer.
ERIKA.- Bueno, ¿y qué se supone que hagamos?
ALMA.- Pues lo de siempre: nada.
(Momento de silencio).
GERARDO.- ¿Y si nos ponemos a inventar materias?
ALMA Y ERIKA.- ¡Gerardo!
GERARDO.- Okey, era solo una idea.
(Momento de silencio).
GERARDO.- ¿Me imaginan a mí de profesor?
(Alma y Erika se carcajean)
GERARDO.- ¿Qué? ¿Qué dije?
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