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Escena IV
ENFERMERÍA
(Domingo por la tarde. En el extremo derecho se encuentra la entrada
de la enfermería. Alma está en la cama más cercana a la puerta,
escribiendo en un cuaderno; Celada se encuentra en la cama del fondo,
profundamente dormida. Se abre la puerta y entran Gerardo y Erika).
GERARDO.- ¡Sorpresa!
ERIKA.- Venimos a verte.
ALMA.- (Sonriendo) ¡Qué bien! Ya me estaba aburriendo.
GERARDO.- A ti no; venimos a ver a la maestra.
ALMA.- (Con cara de sorpresa) ¡Ah!
ERIKA.- (Dándole un ligero golpe a Gerardo) ¡No seas payaso! No le
hagas caso Alma, creo que lo del viernes le afectó la cabeza.
GERARDO.- ¿Qué pasó el viernes? ¡Ah, sí! La cena.
ERIKA.- (Dándole otro manotazo) Te dije que no anduvieras de payaso.
ALMA.- ¡Ay! Ya quisiera estar como ustedes.
ERIKA.- ¿De qué hablas?
ALMA.- Que quisiera irme de aquí. ¿Por qué tenía que pegarme
Celada con esa maldición?
GERARDO.- (Sonriendo) Porque te atravesaste, y gracias por eso. Pero
la verdad yo no sé de que te quejas, la enfermera dice que te tienes
que quedar aquí toda la semana, por lo que no tendrás que ir a
clases.
ALMA.- Sí, pero sigue siendo injusto. ¿Por qué Eduardo salió ayer
si también lo golpearon a él?
GERARDO.- Porque el usó el encantamiento Scutum, que es mucho
más poderoso que el Protego. Además, Eduardo es mayor y más
resistente.
ERIKA.- Por cierto, ¿cómo está Celada?
ALMA.- Solo cansada. No recuerda nada de lo que pasó.
ERIKA.- ¿Nada? Bueno, creo que es mejor para ella. Eso reduce el
número de personas que conocen la aventura a cinco.
ALMA.- ¿Cinco?
GERARDO.- Sí, Eduardo, Erika, tú, yo y el director. Eduardo se lo
contó, y él nos prohibió contarle a alguien más lo que pasó. Así
que será un secreto total. No lo puede saber nadie más.
ALMA.- ¿Nadie?
GERARDO.- Nadie.
EDUARDO.- (Asomando la cabeza por la puerta) ¿Se puede?
ERIKA.- Claro.
EDUARDO.- ¿Cómo están?
ERIKA.- Bien.
GERARDO.- Alma no.
EDUARDO.- ¿Por qué?
GERARDO.- Porque se acaba de enterar que no le podemos contar a nadie
más lo que pasó.
ALMA.- (Dirigiéndose a Eduardo) ¿Por qué no podemos decir nada?
EDUARDO.- Órdenes del director. Supongo que quiere proteger a la
maestra Marta.
ALMA.- ¡Es injusto!
EDUARDO.- No lo creo. Después de todo, es para proteger a la maestra
Marta. ¡Ya se me hacía extraña su actitud!
ERIKA.- ¿Extraña?
EDUARDO.- Sí, todavía la recuerdo de cuando yo estudiaba aquí. Era
mi maestra favorita.
ERIKA.- (Incrédula) ¿Su maestra favorita?
EDUARDO.- Sí, y es por eso que en cuanto llegué me dí cuenta de
que había cambiado, aunque no me imaginaba lo del nibelungo.
GERARDO.- ¿Quieres decir que normalmente no se la pasaba hablando
sobre su vida en clase ni les dejaba adelantar tema?
EDUARDO.- ¡Oh, no! Eso siempre lo ha hecho.
GERARDO.- (Bajando la mirada) Me lo temía.
EDUARDO.- Pero era una gran persona. Estoy seguro de que aún lo es.
ALMA.- Si usted lo dice…
EDUARDO.- Por cierto, les tengo una noticia.
ERIKA.- ¿Cuál?
EDUARDO.- No sé si sabrán que la maestra Patricia pensaba tomarse
el siguiente año como sabático.
ERIKA.- (Sorprendida) No, no lo sabíamos.
ALMA.- ¿Y eso qué?
EDUARDO.- Bueno, decidió aprovechar y entonces también se va a
tomar lo que resta del año. Lo cual quiere decir que me quedaré lo
que queda del año y también el próximo.
GERARDO.- ¡Genial!
EDUARDO.- Bueno, ahora que les he dado la noticia, tengo otros
asuntos pendientes. Ciao! (Sale)
ALMA.- Sabía que estaba loco, pero no me imaginaba que tanto.
¡Celada su maestra favorita! Por cierto, ¿qué pasó con el espejo?
ERIKA.- El director lo mandó a la Procuraduría Mágica. ¡Ay
Gerardo! No sé que habríamos hecho sin el hechizo.
GERARDO.- Sí, y pensar que lo inventé.
ERIKA.- ¿CÓMO QUE LO INVENTASTE?
GERARDO.- (Nervioso) ¡Ooops! Miren la hora. Ya me tengo que ir a la
cama. (Se da la vuelta y se va)
ERIKA.- ¡Gerardo! ¡GERARDO!
